Mediado
ya el mes de febrero nos acercamos un poco más a la primavera y a la
Semana Santa, Semana Mayor para los cristianos, así como también a
las celebraciones de las distintas Fiestas de los Titulares de las
Cofradías, que ordenadamente se suceden desde tiempo inmemorial,
siguiendo una tradición de muchos años. Fiestas, en las que, además
de honrar a sus Titulares, los Cofrades tienen la ocasión de
acercarse a los Sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, al
menos una vez al año.
La
chavalería y la juventud especialmente se van preparando con
ensayos y más ensayos de las bandas de tambores y trompetas; las
madres, esposas y abuelas van desempolvando las túnicas, sayones y
capas o van ya confeccionando las nuevas para los que se incorporan
por vez primera a los desfiles; los responsables van dando lustre a
tronos, imágenes y atributos para que todo esté impoluto el día de
su desfile procesional; toda la población cofradiera de cualquier
ciudad española, en fin, vive con todos estos preparativos su
particular, callada y laboriosa Semana Santa, que no se reduce
solamente a la salida en procesión el día que su Hermandad hace
estación de penitencia por las calles de la Ciudad.
Pero
también febrero nos acerca un poco más a otra realidad social y
política, tan importante como la religiosa: las elecciones
municipales, autonómicas y un poco más tarde las generales de la
nación.
Y
como de preparativos hablamos, ante este momento clave de la vida
social yo me pregunto y pregunto a los responsables de elaborar las
listas electorales:
¿Han
sido elegidas y designadas, para conformar tales listas, las personas
más idóneas por su preparación, ejemplaridad de vida y
comportamiento, por su claridad de ideas y espíritu de servicio,
para desempeñar la función política y la búsqueda del bien común,
y no del propio, que todo político debe buscar?
¿Tienen tales personas la experiencia necesaria para
el desempeño de las funciones que la política y el puesto a ocupar
exigen? ¿A
cualquier afiliado o simpatizante se le puede ofrecer un puesto de
responsabilidad, como pago por los servicios prestados, por
amiguismo o como compensación por cualquier otro motivo distinto al
de su valía? Ahí quedan en el aire y cada cual las
responda.
¡Servir en política y para la política es una misión muy noble,
delicada, de mucha responsabilidad y trascendencia, como para
tomárselo a la ligera y para que sirva de compensación por favores
recibidos!
Fernando
Gámez de la Blanca.-

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